miércoles, 22 de octubre de 2008

Pequeña disyuntiva

No sé qué hacer.
Me tiemblan las manos y eso que están casi sujetas al teclado del ordenador.
En verdad mi mente pelea entre dos opciones.
Emplear mis habilidades reporteriles para buscarlo con los únicos detalles que dio.
O encerrarme en el baño a llorar de gusto para que nadie se entere de lo que siento por este hombre.
Lo que sé es que mi respiración se detuvo.
Por un segundo. Por dos o tres.
En lo que tardé en el leer ese correo que envió.
Recordé esa canción de Emiliana Torrini. Heartstopper.
“And when it stops, it stops. My heart stops beating”.
Eso provocaba al saber de él algo, un detalle.
Ahora que retomo, el leerlo en un sencillo correo de doce líneas, provoca lo mismo.
“My heart stops beating…”
Tengo miedo de buscarlo.
Y tampoco quiero llorar.
Prefiero escribir.

domingo, 5 de octubre de 2008

A los lectores infalibles. (I)


‘Reporte diario:
La ciudad es muy bonita, la luz blanquísima, el aire huele dulce pero no sé identificar a qué.
La gente sonríe y te ofrece su amistad a la menor provocación.
Los helados de coco son buenísimos.
Hace mucho calor húmedo.
Y eso, a mí, me apendeja un poco.
Necesitaría más días para adaptarme.’

Don Mario, algo así escribió usted en su última visita a Oaxaca.
Y lo hizo en muchas ocasiones.
Disfruté mucho sus mensajes de dos vías.
Son como pequeñas postales mentales.
Como un bodegón bien pintado.
Como poemínimos, como el coro de una rola popera.
Cada uno, siempre, acompañado de una breve reseña musical, es una dósis de filosofía.
Ayudan a vivir con una sonrisa y resultan más prácticos que esas baratijas de libros de superación personal.
Un abrazo, que ahora volvemos a estar en contacto por estos mundos virtuales.
Y muchas gracias por la paciencia.

M.

i just want...

Un mes le faltó para darse cuenta que ya poco le era útil.
Notó que no moriría sin mí.
Descubrió que, quizá, era feliz cuando yo no estaba.
Y mi ego se descompuso.
Y a mi no me fue mejor.
Me puse pálido, porque eso me temía.
Me temía dejar de ser vital para cada paso que diera.
Sabía que algún día eso saldría de su boca.
Y yo pensé que eso sería un alivio.
No lo fue. No ayudó.

***

Di por terminada la clase y María Luisa llegó con la copia de The Con.
Puso el disco en el escritorio dispuesta a convencerme que debía comprarlo.
Y me convenció.
A Tegan y Sara ya las había escuchado.
Simplemente las había olvidado porque se afinaron, se perfeccionaron.
De ser dos niñas gruesas y con notas pesadas de guitarra ahora son más bien un par de muñecas electropop, por más que griten lo lesbianas que son dentro de sus letras.
Por la serie de eventos recientes en mi vida comenzaron a meterse más en mi cabeza.
Por casualidad compré el disco.
Pero ‘Back in your head’ cambió las cosas.
“I just want back in your head. I’m not unfaithful but I’m stray. When a get a little scared… I run, run, run…”.
La letra me fue tan familiar.

***

“¿Quieres espacio? Te lo doy”.
“¿Quieres tiempo? Tú dime”.
“No quiero asfixiarte”.
“Me di cuenta de que puedo vivir sin ti”.
Cuatro frases que se me quedaron grabadas de esa madrugada en pleno bulevar.
Y me dio mucho frío.
Y rogué por un abrazo.
Por última vez rogué en su cuarto por sus caricias.
Entendí el mensaje.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El extraño retorno...

Dicen que nunca olvidas a andar en bicicleta.
Yo nunca aprendí a hacerlo.
Por eso ahora me pregunto si cuando blogueas, y dejas de hacerlo por un tiempo. se pierde la práctica o hasta el feeling.
Quién sabe, el hecho es que estoy de vuelta en estos lares virtuales de los que nunca debí irme.
Nunca pensé que dejaría de escribir por gusto.
Pero tampoco imaginé que tendría problemas tan fuertes porque mi personalidad verdadera estuviera accesible en línea dispuesta a que cualquier mercenario usara información valiosa para crearme ingeniosos problemas.
Parece que no entiendo.
Vuelvo a postear.
Y vuelvo contento.
Soy feliz haciéndolo.
Es como comer el helado que empieza a derretirse.
Como oler el caldillo sopa de papa y carne molida que hacía mi madre.
Cuando en un día frío tomas tu suéter consentido para envolverte en un halo tibio de protección.
Es como ese momento de sin razón que tenemos en el éxtasis.
Escribir es vida.
Es mi vida.
Y hoy, es oficial: estoy de vuelta.